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Muchos espíritas no lo saben, pero hay en la Biblia, en el Antiguo Testamento (La Torá de los Judíos), algunas citas que sugieren que la mediumnidad (y la evocación a los muertos) está prohibida por Dios. Algunos de los textos que sugieren esta idea:

• Versículo 18 del capítulo 22 del Éxodo que, en una sencilla y breve frase, dice lo que sigue: «A la hechicera no dejarás que viva».

• Versículo 6 del capítulo 20 del Levítico: «Y la persona que atendiere a encantadores o adivinos, para prostituirse tras de ellos, yo pondré mi rostro contra tal persona, y la separaré de su pueblo».

• Versículo 27 del capítulo 20 del Levítico: «Y el hombre o la mujer en quienes hubiere espíritu pitónico o de adivinación, morirán; los apedrearán con piedras; su sangre será sobre ellos».

• Versículos 10 a 12 del capítulo 18 del Deuteronomio: «No sea hallado en tu tierra quien haga pasar su hijo o su hija por el fuego, ni practicante de adivinaciones, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni fraguador de encantamientos, ni quien pregunte a pitón, ni mago, ni quien pregunte a los muertos. Porque es abominación al Señor cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones el Señor tu Dios los echó de delante de ti».

Para entender las razones de estas instrucciones tan graves en contra de los hechiceros, adivinos, encantadores, ni a quién pregunte a los muertos, en fin contra los médiums, es importante saber el contexto de la historia contada por la Biblia.

La Mediumnidad en la Torá

En aquella época la palabra médium, y por consiguiente la palabra mediumnidad, no eran conocidas, no existían. Conforme a la manera en que se manifestaban, hombres y mujeres recibían denominaciones distintas: profetas, adivinadores, encantadores, magos, nigromantes, pitonisas, etc. La Biblia es un desfile de fenómenos mediúmnicos. No hay una página en que no haya un espíritu o Dios hablando con alguien o haciendo milagros.

En el idioma hebreo hay tres palabras utilizadas en la Torá para identificar a los autores y sus fenómenos. Estas palabras son nabi, roeh y hozeh. El estudio del significado de estas palabras nos enseña que las derivaciones de nabi significan intensa excitación, o como entendemos los espíritas, un estado de trance. La palabra roeh significa ver o percibir algo que otros no ven. Y la palabra hozeh significa una persona que tiene una visión espiritual y aconseja a los otros respecto a esta visón. Los traductores de la Biblia del hebreo al griego han traducido las tres palabras por una, profeta o profecía, y con esto la significación amplia de las tres palabras se quedó reducida a una sola. Así, los pasajes bíblicos que hablan de los trances, visiones y consejos con inspiración espiritual, fueron agrupados en la palabra “profeta (y profecía)” o en “hechicería”. Lo cierto es que los fenómenos mediúmnicos están presentes incontables veces en el Antiguo Testamento.

Vamos a citar dos de estas ocasiones. La primera está en el capítulo 5 del libro de Daniel, en que una mano materializada de un espíritu escribe en la pared de la sala del emperador Baltazar donde está habiendo una fiesta. Así está escrito:

• Daniel versículo 5, capítulo 5: «En aquella misma hora aparecieron unos dedos de una mano humana, y escribían delante del candelabro sobre el encalado de la pared del palacio real, y el rey veía la palma de la mano que escribía».

La segunda esté en libro 1 de Samuel cuando Saúl, que había perdido su mediumnidad, pregunta por una médium:

• Samuel 1, versículos 6-8 del capítulo 28: «Y consultó Saúl al Señor; pero el Señor no le respondió, ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas. Entonces Saúl dijo a sus criados: Buscadme alguna mujer que tenga espíritu de pitón, para que yo vaya a ella, y por medio de ella pregunte. Y sus criados le respondieron: He aquí hay una mujer en Endor que tiene espíritu de pitón».Blumarine Bañador Niña Miss Bañador Blumarine Niña Miss Bañador 345ARjL

El Éxodo y el reto de Moisés

Conocemos las diez plagas que asolaron Egipto, cuando Dios (o Jehová) quiso obligar al Faraón a que dejase libre a su pueblo, los esclavos judíos, para ir hacia la Tierra Prometida. Fue Moisés, usando su enorme y diversa mediumnidad, quien llevó al cabo las amenazas de Dios y provocó todos estos fenómenos de las diez plagas. El “dios” del Antiguo Testamento era poderoso, vengativo y capaz de hechos crueles. Las nueve primeras plagas causaron muertes, hambre, destrucción y enfermedades al pueblo egipcio, pero fueron temporales pues los sacerdotes del faraón –que también eran médiums– consiguieron contrarrestar y anularon sus efectos, lo que hizo que el faraón no dejase libre al pueblo judío. Pero la última de las plagas fue extremadamente cruel, con la muerte de todos los primogénitos del pueblo egipcio. El Faraón entonces se rindió y liberó a los esclavos para que Moisés los llevase fuera del Egipto.

A partir de este momento Moisés se encontró con un grave problema, pues la cantidad de judíos era enorme. En al menos tres ocasiones en la Biblia (Núm. 1: 45- 47, Núm. 11:21 y Ex. 12:27), se habla de más de 600 mil hombres, que contando con los niños y mujeres podría fácilmente llegar a ¡más de 2 millones de personas! Vamos a repasar lo que exactamente está escrito en uno de estos versículos:

• Números 1, vers 45-47: «Y fueron todos los contados de los hijos de Israel por las casas de sus padres, de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra en Israel; fueron todos los contados seiscientos tres mil quinientos cincuenta. Pero los levitas, según la tribu de sus padres, no fueron contados entre ellos».

¿Cómo alimentar a este pueblo en la travesía del desierto para llegar a Canaán, la Tierra Prometida? ¿Cómo liderarlo? El pueblo Judío había sido esclavo de Egipto durante generaciones, durante siglos, y no era un pueblo unido, una nación como entendemos hoy. No tenían ejército, no estaban formados como soldados, no tenían disciplina. Eran en realidad un conjunto de miles de familias con algunas tradiciones comunes, pero incluso las relaciones entre ellos no eran firmes y la creencia en un Dios único era la única cosa que en cierta manera los unía, pero nada más. Esta multitud de gente diversa necesitaba de un líder poderoso y que fuese amado, respectado y temido. Debemos recordar también que había un desierto, un mar y ríos que vencer para llegar a Canaán. La distancia hoy entre El Cairo y Jerusalén (Canaán) es de 425 Km por carretera. Podemos imaginar que entonces, para el pueblo judío, la distancia era mucho más larga y extremadamente difícil caminando a pie y atravesando montañas. Y lo más difícil estaba todavía por venir, puesto que Canaán estaba habitada por gente muy poderosa, con un gran ejército. ¿Cómo llegar allí y desalojarlos? Solamente a través de guerra, con un ejército más poderoso todavía. ¡Moisés tenía un verdadero problema en sus manos!

La mediumnidad de Moisés

Fue a través de las diversas y potentes fuerzas mediúmnicas, con efectos físicos monumentales, que Moisés pudo liderar y comandar este pueblo. La alimentación venía de los cielos en forma del maná y que está descrito en Ex 16, versículos 14 y ss: «Y cuando el rocío cesó de descender, he aquí sobre la faz del desierto una cosa menuda, redonda, menuda como una helada sobre la tierra. Y viéndolo los hijos de Israel, se dijeron unos a otros: Este es Maná ¿Qué es esto? porque no sabían qué era. Entonces Moisés les dijo: Este es el pan que el Señor os da para comer». Moisés también hizo aparecer agua de las rocas para matar la sed de su pueblo (Ex 17, vers 6).

Cerca de 90 días después que habían salido del Egipto, llegaron al desierto de Sinaí y Moisés subió al monte para recibir de Dios las Tablas de la Ley con los Diez Mandamientos. Moisés se quedó allí durante 40 días y noches. Para un pueblo acostumbrado durante los últimos meses al liderazgo y a la mano dura de Moisés, este alejamiento fue demasiado, de modo que se rebelaron e hicieron otro dios para adorar, un becerro de oro. Esto evidentemente solamente se pudo realizar bajo el liderazgo de algunas personas que desafiaron el liderazgo de Moisés en su ausencia. Moisés al bajar del monte, al ver lo que pasaba, quedó muy airado: rompió las tablas de la ley y mandó matar a más de 3000 personas que habían estado más directamente involucradas en la adoración del becerro de oro. Esto está escrito en Ex 32, versículo 28: «Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés; y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres».

La prohibición a ejercer la mediumnidad

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El pueblo Judío tenía una mezcla de respecto, veneración y miedo de Moisés, debido a los fenómenos mediúmnicos que él producía, su relación con Dios, y de su poder sobre la vida y muerte de ellos. La punición con la muerte de los 3000 participantes de la fiesta del becerro de oro era una demostración de su ira y evidentemente el temor del pueblo debería de ser grande. Y se puede deducir que podría haber momentos en que algunos pensasen que un otro líder o líderes podrían relevarlo; a fin de cuentas él ya tenía una edad bastante avanzada (más de 80 años).

Moisés seguramente vislumbró que él tenía que ser más duro y tenía que evitar que otro líder o líderes más jóvenes con poderes mediúmnicos pudiesen surgir y reclamar el comando y el liderazgo, lo que podía poner su misión en riesgo. Había una tierra que conquistar y guerras que vencer. Y él debería de ser el líder de estas conquistas, pues al final fue él con su gran poder mediúmnico quien consiguió la liberación de su pueblo de más de 400 años de esclavitud en el Egipto. No podía haber otros líderes a no ser aquellos que él eligiese y en quienes confiase. Así, el primer motivo para prohibir los contactos con los muertos, la mediumnidad en general, fue esta: la manutención de su liderazgo sin contestación, evitando que alguien o algunos de su pueblo pudiesen desarrollar poderes como los suyos y así comprometer su misión. Otro motivo fue la preservación de la religión judaica y la fe en el Dios único. Las tierras a conquistar estaban habitadas por pueblos desconocidos, con otras tradiciones y costumbres, otras religiones. Después de conquistarlas, habría seguramente un comercio y un intercambio con estos pueblos.

¿Cómo mantener la pureza de las costumbres judías sin que fuesen contaminadas por el pueblo conquistado? La religión, la fe en el Dios único podría estar comprometida. Moisés, por tanto, para la manutención de las tradiciones religiosas de su pueblo decidió prohibir todo el intercambio de actos religiosos y mediúmnicos (llamados de hechicería, consultas a pitonisas, etc.) con el pueblo que iba a ser conquistado.

Kardec en su monumental obra El Cielo y el Infierno dedica el capítulo X entero, a analizar esta prohibición. Él enfatiza que los hebreos solían consultar a los muertos para adivinación, para presagios y no con sentimiento de respecto, piedad y ayuda. Entonces esto era una razón adicional para que esta consulta fuese prohibida. Estas fueron las razones de las prohibiciones que hemos visto en el inicio de este artículo.

Humberto Werdine
Revista Espírita de la FEE

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